A ver, yo siempre pensé que mi superpoder era mover cosas como Matilda pero, años después de intentarlo sin mucho éxito, adopté otra habilidad.
Resultó que lo de mirar fijamente a objetos con la esperanza de que se movieran, me dio la capacidad de aprender a observar. Así que llevo desde entonces fijándome en cosas que nadie presta atención. Y cuando hablo de esto puede parecer chulísimo pero en realidad, es una faena porque cuando el bebé de Miranda en Sex And The City (soy esa chica) va cambiando según la escena, yo me voy fijando en él mientras la trama va sucediendo.
Pero bien, parece ser que gracias a esta mirada obsesiva, tengo un trabajo con el que ganarme el pan. En publicidad se le denomina planner, estratega, brand, social, creative, cultural, whatever strategist. Yo lo suelo definir como la persona que viene a contarte la turra en la presentación. Y como en todos estos años he podido dar varias y he analizado muchos tipos de “qué interesante”, intento no ser nada de lo descrito con anterioridad sino just a girl que explica estrategia sin verborrea – ¿será esto girlsplanning?–.
Al final, a lo tonto, llevo 10 años en el sector. Unos cuantos sin dormir por concursos y los últimos cuatro, sin dormir por facturar. En cualquiera de los casos, lo de dormir poco es una variable imposible de eludir en este sector, como tampoco lo es ser aprendiz de todo, maestra de nada. Bueno, quizá como planner puedo ser maestra de algo.
Por cierto, como habrás visto en la web, en el mail o en mi LinkedIn, me llamo Anaïs. Mi nombre se escribe con diéresis, así que, si me vas a escribir para que colaboremos, por fa, “póntelo, pónselo” y pónmela.